Comida fraterna Programa Vicente de Paúl

Escrito por Colegio María Inmaculada el .

El sábado 21 de abril, como cierre a nuestro Proyecto Aprendizaje-Servicio de este curso, tenemos la ocasión de compartir una comida con usuarios del Programa Integral Vicente de Paúl. 

 

         

A continuación podéis leer los detalles contados por algunos de los protagonistas... 

Sucedió un sábado 21 de abril, un día común, donde la puntualidad estaba enmascarada por el entusiasmo y la curiosidad de catorce jóvenes que estaban dispuestas a ayudar, conocer y disfrutar de este día con la cálida y cercana compañía de Sor Josefa, Directora del Centro de Ayuda Vicente de Paul, quien se encontraba encantada con la propuesta de realizar una comida entre alumnos y usuarios del centro.

 

La visita comenzó con una puesta en común, en la cual intentamos organizarnos y prepararnos emocionalmente para las experiencias venideras.

Mientras Sor Josefa nos hablaba, nos dimos cuenta de que no había más que una presencia masculina en el grupo, de ahí surgió el tema de la profunda labor de Santa Luisa.

Cada vez que oímos el nombre Santa Luisa de Marillac, en lo primero que pensamos es en una mujer luchadora y cofundadora de las Hijas de la Caridad junto a Vicente de Paúl, y todo es cierto, pero al contar su historia, existen pequeños relatos que se han omitido a lo largo de todos estos años, relatos esquivados.

La admiración mutua entre estas dos memorables personas alcanzaba altos niveles, como cuando Luisa de Marillac transcribía a mano todas las conferencias que daba San Vicente, y las guardaba para que todos supieran cómo pensaba y no olvidar ni una sola palabra dicha. Pero la historia se tuerce un poco, cuando San Vicente estuvo a punto de cometer un grave error. En aquella época, el hombre pensaba que la mujer debía ser protegida y resguardada, así que llegado su momento, San Vicente mandó una solicitud al arzobispado de París para enclaustrar a las Hermanas de la Caridad, como ya se hacía con las monjas. Esta decisión no sentó nada bien a Santa Luisa y en representación de todas las religiosas e Hijas de la Caridad hizo pensar que había perdido la solicitud firmada por el arzobispo, y lo más curioso y admirable fue la respuesta que Santa Luisa dio ante la pérdida, ya que ella afirmó que era el resultado de una obra divina; lo que San Vicente creyó. Con esto, Santa Luisa impidió que una mala decisión, no muy bien fundamentada, fuera llevada a cabo.

Sor Josefa nos pareció una persona muy curiosa, se toma todo con humor y agradece todo lo que tiene, a Dios. Pero lo realmente curioso, es el brillo que transmite su mirada cuando expresa mediante palabras, su experiencia como creyente.

Nos enseñó que a veces tenemos que hacer las cosas nosotros mismos, superando esa timidez que nos impide avanzar, que nos impide disfrutar de nuevas experiencias, que como en su caso, fuesen reveladoras.

El creyente convertido en su familia era su padre, quien le transmitió muchas enseñanzas.

Cuándo se dio cuenta de que Dios la necesitaba, dejó todo para dedicarse por completo a su obra, al servicio del prójimo, del necesitado. Y esta decisión fue la que trajo la felicidad a su vida, pues supo que su labor estaba para con los demás.

“Yo tenía mi vida planificada, pero fue Dios quien eligió un mejor destino para mí, y me dejé guiar ”.

Desde el principio de la visita nos encontramos con una realidad distinta a la que solemos ver a menudo, quizás estas cosas son las que realmente nos hacen valorar lo que tenemos. A lo mejor no sabíamos del todo a qué estábamos llamadas dentro de esa experiencia.

Creo que el objetivo era abrir los ojos, sentir sensaciones diferentes ante todo lo nuevo que pudimos ver, porque a pesar de haber tenido la oportunidad de servir al centro, sigue siendo algo nuevo con lo que algunas de nosotras seguimos asombrándonos. Todas teníamos una timidez característica de cualquier persona ante algo desconocido , hasta el momento en el que Sor Josefa nos separó en varios grupos. Algunas subimos con ella , para observar ese acercamiento que tienen los voluntarios y las hermanas con la gente más necesitada , y no solo de cosas materiales , sino de cosas tan simples como sentirse queridos , ya que, al saludar a algunos de ellos, se reflejaba en los mismos una sonrisa sincera. Otras se quedaron abajo, esperando para poder limpiar las mesas,o  sirviendo Coca-Cola a todo aquel que la pidiera. Las reacciones posteriores a todas estas actividades no os dejará indiferentes.

 

Al bajar de nuevo al comedor , llevábamos unas sensaciones diferentes a las que llevábamos cuando subimos. Algunas bajamos sonriendo , otras un poco desconcertadas o pensativas.

Las que estuvieron sirviendo Coca-Cola , llegaron con una sonrisa deslumbrante. Después descubrimos una anécdota que merece la pena ser recordada. Una compañera que realizó esta labor nos comentó que alguien le había preguntado si estábamos asistiendo al centro obligadas, muchas de nosotras al oír esto no nos lo creíamos, pero nuestro tutor nos confirmó que es una realidad , una realidad que como ya he mencionado está presente todavía a día de hoy.

Por otra parte las que se encargaron de la limpieza del comedor tenían una expresión de satisfacción ante el trabajo que habían realizado, como todas las demás, porque el simple hecho de ayudar ya es satisfactorio, por muy simple que parezca.

Algo que tuvimos en común fue esa expresión de felicidad que reflejaba tantos sentimientos conjuntos.

En conclusión, hacer algo inesperado, en un día esperado por todas nosotras, es algo que nos dio un poco más de soltura en el momento de compartir y comer en compañía.

 

Nos encontrábamos un poco más en sintonía con el entorno con el que estábamos tratando y empezamos a compartir las experiencias de cada una según la actividad que se le hubiera encomendado hacer, a la hora de la esperada comida todas dimos gracias por ser invitadas y nos dispusimos a comer y a seguir compartiendo , no tan solo las experiencias vividas ese mismo día , sino también algunas personales que debido al aprendizaje que habíamos realizado se nos hacían más fáciles de expresar , acabamos todas con un buen sabor de boca , no tan solo por la comida , sino por todo lo vivido en esa reunión.

 

Al acabar toda esta experiencia y empezar a recoger, a todas nos recorrió una nostalgia que no esperábamos , en parte porque se nos había hecho corta, y por otra, porque nos hubiera gustado poder colaborar durante más tiempo y de forma más activa.

Ha sido una experiencia grata, agradable, y que no deja a nadie indiferente, una experiencia que nos ha permitido tener una perspectiva de la vida muy distinta, más real y humana.