• Celebración Santa Luisa de Marillac

    VÍDEO: ÉRASE UNA VEZ...SANTA LUISA

    PODCAST María Inmaculada Radio: Himno a Santa Luisa

    Santa Luisa de Marillac ha sido, es y sigue siendo modelo de vida para muchos hombres y mujeres por la profundidad de su vida espiritual, por el brillo de su caridad y por su capacidad para estar donde el Evangelio necesitaba hacerse presente con rostro humano.

    En el día de su festividad, nos confiamos a su protección y consejo ante la pandemia del covid-19. En esta situación, encontramos en ella un modelo. Mostró el rostro de Cristo ante la humanidad sufriente. En nuestro tiempo, los ancianos en peligro, las personas que se han quedado sin trabajo, los enfermos que están solos, las personas que no han podido despedirse de sus seres queridos, todos aquellos que han muerto solos. Luisa se atreve a “dar la vuelta a la medalla” y experimenta que los pobres de cada momento son el rostro humano de Dios.

    La dificultad conlleva siempre la entrega, la percibimos en los sanitarios, en el personal de supermercados, en los proveedores, en las fuerzas de seguridad, en la solidaridad de los vecinas. La entrega de Santa Luisa fue siempre total: en los momentos de mayor dificultad, pero también en lo cotidiano de cada día.

    Debemos preguntarnos cómo resuenan en nosotros las palabras de Jesús, en esta dificultad concreta y en nuestra normalidad cotidiana: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (Mt 25, 35-37). ¿Cuánto tengo yo de Santa Luisa?

    Pedimos al Señor la libertad, audacia y creatividad de Santa Luisa acompañada de la mano de María, salud de los enfermos y luz maternal que nos invita a la solidaridad en el día de hoy. Rezamos juntos en familia como comunidad educativa con las palabras del Papa Francisco: 

    Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino

    como signo de salvación y de esperanza.

    Confiamos en ti, Salud de los enfermos, que junto a la cruz te asociaste al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

    Tú, salvación de los pueblo, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

    Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y hacer lo que nos diga Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y se ha cargado con nuestros dolores para llevarnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

    Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! ¡Amén!

    PAPA FRANCISCO

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