La interioridad hace referencia a la dimensión más profunda del ser humano y que, como el resto, necesita ser educada en los jóvenes de nuestra sociedad para ayudarles a encontrar un equilibrio personal. Este proceso de acompañamiento se inicia, como parte del proyecto educativo, en la etapa de Infantil y culmina en Bachillerato. De este modo, el alumno se encuentra guiado en el conocimiento de de sí mismo, de los otros y de lo trascendental en las etapas más decisivas de la formación de la persona.

 

En definitiva, educar la interioridad es enseñar a los alumnos que lo que son y lo que viven está determinado por su experiencia interior, la cual tratamos de hacer consciente en las sesiones que se desarrollan para ayudarlos a crecer como personas. Así pues, las líneas de reflexión se orientan en torno a tres ejes. En primer lugar, el conocimiento de uno mismo (virtudes, defectos, fortalezas, debilidades, heridas del pasado, arrepentimientos, cómo me valoro a mí mismo y lo que tengo…). Este será el punto de anclaje para abordar la relación de uno mismo con los otros (cómo me comporto en el mundo, cómo debería ser, qué debo cambiar para con mi entorno, cómo valoro a quien me rodea…). Y, por último, el conocimiento de uno mismo y de su relación con los otros nos lleva a plantearnos por lo que trasciende al ser humano, por el sentido de la existencia (de dónde vengo, a dónde voy, cuál es mi papel en el mundo en el que vivo, qué sentido tiene mi vida…).